Sólo le bastaba subirse al balcón de su casa, tomar aire, inflarse, alzar los brazos bien alto, cerrar los ojos, y saltar... Así uno aprende a volar, e irse, lejos; muy lejos, donde nadie nos pueda decir nada y veamos los autos que pasan como pequeños confites de colores.
Dale, volemos juntos. Yo con vos y vos conmigo.
Siempre juntos,
siempre unidos.

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